Playa de la Victoria

Vista de la playa de la Victoria

Vista de la playa de la Victoria

La garganta se me secó de golpe como si me hubiesen a la fuerza introducido en la boca, un kilo de arena fina como la que había en la playa de la Victoria en Cádiz, y sentí como si me faltara oxigeno. Mis piernas empezaron a flojear bruscamente y cedieron como un castillo de naipes durante un vendaval, haciendo que me derrumbase de rodillas delante de mi padre.

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Acerca de V. R. Brannigan

Cuando acabe de leer mi historia, por la cuenta que le trae, también creerá en mí.
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