La arteria carótida común

La arteria carótida común

La arteria carótida común

Cuando Juan Díaz Santiago de disponía a arrebatarme con violencia el Walkman de mis manos, en un milisegundo lo pase a mi mano derecha y con los dedos índice y pulgar de la izquierda, empecé a ejercer presión sobre la arteria carótida común del lado derecho de su cuello, restringiendo así el riego sanguíneo a su cerebro. Juan es de tez morena, aunque pronto empezó a empalidecer y a delirar. Antes de perder por completo la conciencia, es decir, cuando estaba en la fase pre-sincopal, a Juan le dio tiempo a responder a mi pregunta después de explicarle un par de cositas.

—Escúchame bien Juanito, si me escuchas bien parpadea dos veces  —lo hizo.

 —No me vas a molestar nunca más, de lo contrario le hare esto a todos y cada uno de los miembros de tu familia aunque aplicando más fuerza y durante más tiempo, resultando en lo que tu ya sabes. No le dirás absolutamente a nadie lo que te he hecho y solo te asegurarás de que nadie jamás me moleste. Contéstame solo con un si, si has entendido todo lo que te he dicho.

Reducí un poco la presión en su cuello y con una voz similar a la de Don Vito Corleone en la película «El Padrino», Juan dijo que si, es decir, que había entendido todo lo que yo le había dicho.

La obstrucción de esta arteria como técnica de defensa propia precisa poquísima fuerza, actúa casi de inmediato y es una de las más efectivas. En comparación con colapsar las vías respiratorias se necesita seis veces menos la cantidad de presión para obstruir la arteria carótida que para reducir la cantidad de oxígeno en el cerebro y consecuentemente se consigue la perdida de conocimiento seis veces más rápido. Y todo prácticamente sin dolor alguno. ¿No me dirá qué no soy buena persona verdad?

El incidente lo resolví bastante bien creo yo para ser la primera vez que ponía en práctica dicha técnica de judo. ¿Qué dónde la aprendí? Pues en uno de los muchos libros que leo durante recreo. No hace falta decir que Juan y yo ahora somos muy buenos amigos e incluso de vez en cuando viene a verme en el patio durante recreo y se fuma un cigarrito conmigo, viene muy de vez en cuando la verdad sea dicha.

Bueno de acuerdo no se ha dicho la verdad, evidentemente no somos muy buenos amigos ni nada que se le asemeje, y por descontado nunca jamás desde nuestra pequeña charla se me ha acercado.

 

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Acerca de V. R. Brannigan

Cuando acabe de leer mi historia, por la cuenta que le trae, también creerá en mí.
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