Que nunca descanses en paz Evelyn Brannigan

Evelyn Brannigan

Evelyn Brannigan

Son ya las cuatro de la tarde, y en mi casa faltan sillas para acomodar a todas las personas que desde esta mañana llevan viniendo para darnos su pésame, y para velar a mi madre que está en el salón junto al piano en su ataúd color caoba. También desde ayer a primera hora, el teléfono no ha parado de sonar, y para no volvernos todos locos, Alfonso, el marido de mi tía Victoria, ha tenido que instalar un teléfono sin timbre que indica mediante una luz roja que lo están llamando. El contestador automático casi echa humo y no da abasto, ya va por la tercera cinta de noventa minutos. Evidentemente tiene el volumen totalmente bajado. También han llegado numerosos telegramas, la mayoría provenientes del otro lado del Atlántico Norte. Las visitas y las llamadas son mayoritariamente de amigos y conocidos de mi padre, sobre todo clientes del restaurante que para ellos mi padre es como de la familia.

Anuncios

Acerca de V. R. Brannigan

Cuando acabe de leer mi historia, por la cuenta que le trae, también creerá en mí.
Esta entrada fue publicada en Evelyn Brannigan. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s